Macharaviaya está situado a 25 km de Málaga, y a 13 kms. de Rincón de la Victoria, Con una población de 370 habitantes. En la actualidad, la bondad de su clima y la belleza del entorno, es la inspiración de un gran colectivo de artistas y artesanos que la han escogido como residencia y lugar de trabajo, siendo un foco creativo de visita obligada. El paisaje de Macharaviaya es de los más sobrios de la provincia de Málaga. En el centro de una pequeña cuenca destacan el pueblo y su núcleo anejo de Benaque, rodeados de lomas de formas suaves que en otro tiempo estuvieron cubiertas de viñas y hoy son pastizales en su mayor parte con algunos rodales de olivares. Tanta sobriedad contrasta con las huellas que han quedado de su glorioso pasado. Macharaviaya se funda como villa en 1572 sobre una antigua alquería de origen árabe que le da nombre, ya que este viene de la transcripción fonética de 'Machar Ibnk YahYa', que significa -cortijo del hijo de Yahaya-. Tras las revueltas moriscas y las deportaciones de 1570 y 1580, la zona había quedado muy despoblada y así permaneció hasta que en la historia de este pueblo aparece la familia Gálvez, que fue la impulsora del desarrollo económico de la villa, gracias a los afanes aristocráticos de esta familia, cuya finca era frecuentemente visitada por las personas más influyentes de la Málaga del siglo XVIII. La familia se convirtió en la mecenas de la localidad. Así se crea aquí la Real Fábrica de Naipes, un Banco Agrícola, se construye la conducción de agua potable y se hace una importante aportación económica para la Iglesia de San Jacinto. Durante el siglo XVIII y principios del XIX gozó de una próspera economía, hasta el punto de que el punto de que el pueblo fue bautizado con el sobrenombre de 'pequeño Madrid'. Y es que realmente llama la atención encontrar en un lugar tan apartado y tan pequeño tantos vestigios de esplendor. Aquí nació, a mediados del siglo XIX el poeta Salvador Rueda, amigo de Rubén Darío, autor de composiciones de sensualidad y colorido muy andaluces. Después de la decadencia que siguió a la crisis provocada por la plaga de filoxera, en las últimas décadas el pueblo ha congregado a artistas, artesanos y turistas estables, que están recuperando y rehabilitando las viejas casa abandonadas.
Además de un recorrido por el bonito pueblo de calles escalonadas, Macharaviaya tiene a la entrada del pueblo un templete de ladrillo formado por dos cuerpos cuadrangulares, el segundo abierto con arcos de medio punto entre pilastras, erigido a finales del siglo XVII en memoria de la familia Gálvez y sus donaciones, según figura en una inscripción. Pero el edificio más destacado es la iglesia de San Jacinto, levantada en el siglo XVIII sobre el solar que ocupó otra anterior iglesia, obra de principios del siglo XVI construida por orden del arzobispo de Sevilla Diego de Deza. Es de planta de cruz latina y tiene una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón y cúpula sobre pechinas en el crucero. En el exterior, el arco de acceso se abre entre pares de columnas corintias que sostienen un frontón partido y sobre éste un escudo real de forma ovalada. Junto a la iglesia está el cementerio, desde donde se entra a la cripta, que ocupa todo el subsuelo del templo y donde están enterrados algunos de los miembros de la familia Gálvez, representados por varias esculturas orantes. A dos kilómetros de Macharaviaya está situado el anejo de Benaque, que cuenta con una iglesia mudéjar del siglo XVI, con un torre de planta cuadrangular, cuyo último cuerpo de campanas tiene arcos de medio punto. Esta torre fue el alminar de una antigua mezquita.
Este pueblo se ha convertido con el paso de los años en refugio de varios y destacados artistas y artesanos especializadas en bordados y calados, cerámica decorativa, etc.
La gastronomía local es prácticamente igual que en la comarca natural. No obstante, tiene platos como la sopa de ajo, la de cocido, el gazpacho, el ajoblanco, el gazpachuelo, la sopa de maimones, la de tomate, etc. La repostería casera está representada por los pestiños, que se comen todo el año.
En la primera semana de agosto se celebra San Bernardo y a mitad de este mismo mes las fiestas mayores. Hay programadas dos semanas culturales: una antes de Navidad la otra sobre música barroca a principios de agosto.
Distancia a Vélez-Málaga: 23 km Distancia a la Costa: 13 km Distancia a Málaga: 17 km Distancia al Aeropuerto de Málaga: 25 km Superficie: 7,2 km2 Altitud: 311 mts sobre el nivel del mar Lluvia l/m²: 520 Temperatura Media Anual: 17.6ºC Habitantes: 370
Otros Núcleos de Población:
• Benaque
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El río Algarrobo-Sayalonga, que baja aguas desde Sierra Almijara, lo atraviesa de norte a sur por un valle flanqueado de lomas en las que el paisaje tradicional de olivos, viñedos y almendros está siendo transformado en otro aterrazado para el cultivo de hortalizas y frutos subtropicales. Los invernaderos ascienden por las laderas de lomas coronadas por albercas y depósitos de riego, que se asoman al mar a través de los jirones de horizonte dejados por la arquitectura turística.
Y antes de que el valle se abra a este litoral, sobre una pequeña loma abrazada por el río, está Algarrobo, entre la tradición de la arquitectura popular y los huertos del fondo del valle y el paisaje reciente de la costa. La pequeña superficie del municipio contrasta con su gran historia, que arranca de forma notable ya en la Edad del Bronce. El Morro de Mezquitilla ha aportado los primeros datos de la presencia del hombre en esta época, pero los hallazgos de mayor importancia son, sin duda, los pertenecientes a la civilización fenicia, cuyo principal exponente es la Necrópolis del Trayamar, en las cercanías de la costa.
Aunque con la llegada de los romanos la zona conoció una etapa de prosperidad, parece ser que la fundación del pueblo en su emplazamiento actual corresponde a los árabes. La Expulsión de los moriscos dejó prácticamente abandonada la localidad, que fue repoblada en los años siguientes con olivos.
Este pueblo, de trazado urbanístico de calles pendientes y estrechas como corresponde a su pasado árabe, trepa por la ladera de la colina del Ejido, donde se asienta una explanada y en ella la ermita de San Sebastián, patrón de la localidad, que fue reconstruida en 1976. Entre los edificios singulares está la iglesia parroquial de Santa Ana, levantada en el lateral que data del siglo XVIII. En las proximidades se encuentran los restos arqueológicos de Trayamar, complejo de tumbas paleopúnicas - alguna puede remontarse al siglo VIII a. de C.-que están consideradas como uno de los vestigios fenicios más importantes de occidente.
Los restos encontrados durante su excavación - joyas, utensilios, etc.- se encuentran en el Museo Arqueológico Provincia de Málaga. En el término municipal existen además dos torres vigías, Torreladeada y Torrenueva, la primera de la época islámica y la segunda una fortaleza militar del siglo XVI.
La gastronomía autóctona se basa en el choto en salsa, el potaje algarrobeño, el potaje de hinojos, el ajoblanco, etc. en el pueblo, en la zona de costa los espetos de sardinas y moraga de pescados. Las tortas de aceite y frutos secos como higos, almendras y pasas, más un vino dulce de producción prácticamente artesana, completan la oferta para la buena mesa. Existen diversos establecimientos que venden tanto el mosto como las tortas y los frutos secos.